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La Mujer De Tus Sueños 9 [Archivo] - Voyeur Azteka

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ojodepayaso
20-sep-2007, 09:37
Ser distinto

La originalidad es una de las principales herramientas para tener
éxito con las mujeres.

Hay muchas maneras de ser distinto, y por supuesto, no todas son
efectivas. Si vamos a una cita vestidos con escafandra, tanques de
oxígeno y patas de rana, seguramente seremos originales y distintos,
pero muy difícilmente el éxito nos acompañe.

Cuando estamos elaborando una estrategia de seducción, tenemos
muy en cuenta los estándares generalmente aceptados por las
mujeres, los arquetipos de conductas, los modelos que sacamos de
películas, etc.

Seleccionamos cuidadosamente nuestra manera de vestir, no sea
cosa de ponernos alguna prenda de un color demasiado llamativo,
elegimos la música que vamos a escuchar en el auto teniendo en
cuenta que sea algo actual, escogemos el lugar apropiado para
llevarla evaluando si está de moda, etc.

Por otro lado, tenemos excesivo cuidado con respecto a nuestra
conversación, evitando a ultranza decir alguna grasada o mostrar
algo de nuestra personalidad que no concuerde con los gustos de
ella.

En resumen, es muy probable que realicemos la salida ideal, sin
errores, pero con lo que podríamos llamar “impacto cero”.

Todo estuvo prolijamente realizado, pero nada la impactó, nada
salió de lo común, nada nos diferenció de otro con el que tal vez salió
la semana pasada o saldrá al otro día.

-La que comentó que estás muy bien fue Ana –me dijo una noche
mi amiga Laura.

Ana era una chica que yo había conocido en el cumpleaños de
Laura una semana atrás.

Me puse como loco. Ana me había encantado y no me imaginé que
ella podía haberse fijado en mí.

Desde ese momento comencé a romperle las pelotas a Laura para
que organizara alguna salida de a cuatro con Ana y algún amigo mío.

Luego de ver que mi querida amiga tenía menos intención de
hacerme pata que de tirarse en un barril por las cataratas del Iguazú,
decidí pasarla a buscar para que le fuéramos a tocar el timbre a Ana
diciendo que pasábamos por ahí y que viniera con nosotros a tomar
un café.

Ana era del interior y estaba alquilando un departamento en el
centro, junto con su hermano, para poder asistir a la facultad de
medicina donde cursaba, si mal no recuerdo, el cuarto año.

A los cinco minutos de que Laura le habló por el portero eléctrico,
baja Ana y se sube a la parte de atrás del auto.

-Ay chicos… Justo está mi hermano con fiebre y no me puedo ir –
dice de manera de saludo.

-Bueno, no importa, nosotros pasábamos cerca… -responde Laura.

-Que lindo auto –me comenta Ana, sólo como para parecer amable
y darme algo de conversación, dado que ese auto no tenía nada de
extraordinario.

-Es el Mark 5 –le respondo seriamente, ante la mirada
desconcertada de Laura.

-Ah… Y vos serías…

-Meteoro –la interrumpo.

-¿Cómo andás Meteoro? –pregunta Ana enganchándose en mi
boludez.

-Bien… Buscando un copiloto… ¿No querés ser Trixi?

-Dale…

-Bueno, ¿qué te parece si el viernes te paso a buscar y salimos a
probar el Mark 5?

-El viernes… -comienza a decir dubitativa.

-Bueno, te llamo y vemos. Le pido tu teléfono a Laura –le digo
mientras pongo en marcha el auto.

-Bueno… Dale…

Ana se despide entonces de Laura y al acercarse para saludarme
me dice sonriendo –Chau Meteoro…

-Chau Trixi.

Cuando Ana entra en su departamento pongo primera, arranco y la
miro de reojito a Laura, quien estaba como intentando encontrar la
explicación a lo sucedido.

-Vos estás loco –me dice seriamente.

-Ta tarara, ta tarara –le canto la canción de Speed Racer, mientras
me agacho en el asiento y como el volante con los brazos bien
estirados al estilo de los pilotos de fórmula uno.

-Yo no lo puedo creer –me dice con gesto de indignación.

En aquel momento lo único que me importaba era que había
conseguido el OK de Ana para llamarla y salir.

Y el viernes siguiente salimos nomás.

Recuerdo que ya cansado de tomar tantos recaudos antes de una
cita, esta vez decidí hacer lo que me viniera en mente. Si había
resultado la de Meteoro…

En aquel momento estaba como mal visto salir con el autito recién
lavado. Yo no sólo lo lavé, sino que le dejé colgado del encendedor el
cartoncito perfumado que te ponen en el lavadero.

Puse en el stereo una cinta con temas lentos antiguos y dejé a
propósito al lado de la palanca de cambios la cajita del cassette de la
telenovela “Dos para una Mentira”, en cuya tapa se veían sus
protagonistas Horacio Rainieri y Marco Stell.

-¿Y esto? –preguntó Ana, desconcertada, al ver el cassette.

-Un bati repelente infalible contra tiburones –respondí.

-No, en serio –dijo riendo.

-El cassette de “Dos para una mentira” –le dije como si tal cosa,
con una sonrisita que develaba mi conocimiento a cerca de lo bizarro
de la elección.

-Ay… Ponelo… -dijo Ana riendo.

-Espera… Después… Este otro está bárbaro.

Fue así como al compás de temas como “Lady in Red” o “All out of
love” fuimos jugueteando a Trixi y Meteoro hasta Bahamas, un lugar
bastante setentoso que quedaba en la costanera y permitía charlar
cómodamente en una terraza al aire libre frente al río.

Luego de estar un buen rato charlando animadamente, le dije:

-¿Cruzamos a ver el mar?

-¿El mar?

-Bueno… Qué se yo… Con un poco de imaginación…

El río estaba bastante picadito y había algo de viento, lo cual daba
una sensación de qué sé yo que cosa que estaba buena.

Contemplamos el paisaje por un rato y volvimos al auto.

-Querías escuchar éste, ¿no? –le dije antes de poner el auto en
marcha, enseñándole el cassette de la telenovela de la tarde.

-Sí… Dale…

Así fue como comenzamos a escuchar a Sergio Dennis decir “Dame
luz… Si la sombra nubla al sol…” y un clima de excesivo romanticismo
dominó el ambiente.

Su sonrisa inicial por la originalidad de mi cassette comenzó a
cambiar.

“…Dame luz… Si el camino se ocultó…”

Yo me limitaba a mirarla a los ojos… O mejor dicho, a admirarla.

“…Dame luz… Si llegó la soledad…”

Ella también me miraba.

“…Si estoy mal… Dame amor…”

Me acerqué y sin quitar mis ojos de los suyos, le corrí el cabello
que caía sobre su cara. Ella como un acto reflejo, bajó nerviosamente
la mirada.

-No te asustes –le dije sonriendo mientras le levantaba
suavemente la cara- sólo quiero darte un beso.

“…Dame luz…”

La besé suave y brevemente. Luego encendí el auto y comencé a
conducir lentamente por la costanera, lo cual le hizo sentir que yo no

era un zarpado que se le iba a tirar encima y, evidentemente, eso la
hizo sentirse segura.

En resumen: lavé el auto, dejé colgado el desodorante, jugué a
Meteoro y Trixi, me mandé a tomar algo a Bahamas en la costanera,
crucé a ver el río, puse el tema “Dame luz” del cassette de la
telenovela “Dos para una Mentira” y terminé ganando.

¿Qué fue lo que me hizo ganar? Que fui distinto. Que no me copié
nada de nadie. Que no intenté demostrar lo que no era. Que fui
absolutamente original.

Con Ana estuvimos juntos tres o cuatro meses.

Poco tiempo después de romper con ella, invité a salir a otra chica.
Y para qué andar pensando. Si tenía una receta que ya había
funcionado una vez ¿por qué no iba a funcionar de nuevo?

Volví a lavar el auto, otra vez dejé colgado el desodorante, la llevé
a Bahamas, cruzamos a ver el río, dejé a la vista la tapa del cassette
de la telenovela “Dos para una Mentira”, puse el tema “Dame luz” de
Sergio Dennis y terminé ganando.

Ya no me acuerdo cuantas minas me gané haciendo exactamente
lo mismo.

Siete… Ocho…

Algunos amigos que conocían la historieta me cargaban.

Yo les respondía: -Y bueno loco, si y haciendo eso ya se que gano,
¿para qué quieren que cambie?

Claro que con el tiempo, me empecé a aburrir de hacer siempre lo
mismo.

Parecía Bill Murray en “El día de la marmota” (o “Hechizo del
tiempo”).

Un día, las circunstancias me obligaron a encarar a una mujer sin
poder seguir con los ya conocidos ritos… Y gané igual.

Es que en realidad no se trataba de una rutina infalible, sino que
hasta ese momento me había dado resultado porque el éxito obtenido
en otras oportunidades me daba la seguridad y confianza en mí
mismo fundamentales para alcanzar el objetivo en cualquier proceso
de seducción. Pero principalmente porque me veían como a un
hombre que actuaba de manera distinta al resto. Un tipo con buen
humor, que se atreve a dejar la para de ese cassette a la vista, que
hace o dice cosas sin necesidad de estar permanentemente en pose o
midiendo sus comentarios y que se anima a mirarla a los ojos
escuchando el tema “Dame luz”.

En definitiva, y confesado por algunas de ellas, había sido
“original”.