Krauser
18-abr-2007, 01:49
bueno este realto espero les guste tratare de especializarme en relatos espero les guste !!!
este relato es largo asi q sera por partes son como 8 aprox asi q comenten para subirlo
***********relato***********
LAURA Y EL ABUELO Realmente me sentía mujer por primera vez en mi vida, y así fue que me desnudé, completamente ante él.
Tenía yo 18 años, era una chica feliz, sin complicaciones, una buena familia, buenos amigos, ningún problema económico, realmente tenía una vida plena. Sin embargo en esa época en la que una va ¨cambiando de piel¨, a mujer, miles de dudas inundaban mi cabeza. Mi familia era de una durísima educación religiosa, no tenía yo hermanas mayores por lo que el tema de mi despertar sexual era algo complicado para mí. Me sentía dando pasos a ciegas, todo lo que descubrí era resultado de prueba y error, con más desaciertos que aciertos. Así es como aprendí un día después de bañarme lo placentero que puede ser tocarse ciertas partes, o como comprendí que las cosas con paciencia se dilatan.
Por desgracia mis compañeras tampoco eran de mucha ayuda, todas íbamos a un internado de religiosas durante toda la semana donde el sexo ni siquiera formaba parte del vocabulario. Sin embargo yo tenía dudas, y por sobre todo, muchas ganas de aprender, y allí es donde todo comienza.
Como les conté, durante la semana yo vivía en un internado para chicas, y los fines de semana la pasaba en casa sola con mis padres. Era principio de primavera y mis padres tenían aniversario de casados. Las cosas no marchaban bien para ellos, y mi madre pensó que un viaje juntos sería buen remedio para la pareja. El tema es que ella no quería dejarme sola, pero ante mi insistencia accedió a dejarme sola con una condición, que nuestro vecino, Don Francisco conservara una llave y pudiera controlar mi comportamiento. Yo accedí, después de todo solo sería un fin de semana, ya que el lunes volvería al internado. Don Francisco era un vecino viudo que vivía en la casa contigua a la nuestra. Era un hombre mayor, de unos 60 ó 65 años al que yo conocía desde pequeña y ante la ausencia de abuelos trataba como tal. Era un hombre muy elegante que había enviudado hace unos 5 ó 6 años. Siempre se portó conmigo en forma muy correcta, y también me quería como su nieta, pero por lo visto las cosas cambiaban.
Mis padres finalmente se fueron a su viaje a las playas Brasileras y yo me quedé en control de la casa. Eso me hacía sentir madura, una mujer. Recuerdo que el viernes a la noche, después de su partida me quedé mirando TV hasta muy tarde en su cuarto y dormí allí. Yo siempre dormía con unos pijamas muy anticuados, que lo cubrían todo, pero el comienzo del calor, y la ausencia de mis padres hicieron que esa vez sea una excepción. Esa noche solo me había dormido con una remera que apenas me llegaba a las nalgas, unas bragas y unos soquetes. Como les conté, la noche anterior se prolongó para mí por lo que eran como las 11 de las mañana y yo aún seguía dormida.
Mi madre y Don Francisco llegaron al acuerdo que el pasaría dos veces al día a controlar que todo estuviera en orden y para chequear que yo no necesitara nada. Mientras yo dormía, lo más plácidamente en la cama de mis padres, Don Francisco entró a la casa para cumplir con su encargo sin haberme yo enterado. Al despertarme encontré a Don Francisco parado en la puerta del cuarto de mis padres observándome. Al verme reaccionar, intentó sin éxito hacerse el desentendido, y yo intenté con la misma poca suerte cubrirme con las sábanas. Ante lo embarazoso de la situación, Francisco intentó dejar atrás el mal momento tratando de hacer de cuenta que nada hubiera ocurrido: -Hola Laurita, vine a ver como estabas y si necesitabas algo. (Comentó aún nervioso y sin mirarme a los ojos) -Gracias, está todo bien, gracias por preocuparte. -Perdóname, pero he estado tocando la puerta y tú no respondías y he decido usar la llave que tu madre me dejó.
Realmente no había escuchado el sonido del toque a la puerta, pero eso no era lo que me preocupaba. Lo único que me interesaba en ese momento era pasar el mal trago, y que él se vaya de ahí para poder vestirme, y más tarde otra preocupación que me vino a la mente, ¿habría estado mucho tiempo observándome dormir?, ¿qué tanto habría visto de mi?
Don Francisco se retiró de la puerta de la habitación y yo pude alcanzar mi ropa y vestirme. Luego me reencontré con él en la sala, donde me esperaba. Lo noté nervioso, distinto a otras veces, se lo veía pensativo, como perturbado, pensé que era una sensación mía por los nervios de la circunstancia pasada unos minutos antes. Don Francisco me invitó a comer a su casa esa noche y yo acepté, y luego se fue.
Pasé toda la tarde repasando lo que había ocurrido, nunca había estado con tan poca ropa ante un hombre. Me preguntaba si él pensaría si era atractiva o no, si me vería como una mujer o una niña, si sentiría atraído por mí, etc. Pero al mismo tiempo me reprendía por pensar ese tipo de cosas, me avergonzaba.
Finalmente conseguí olvidar lo sucedido y dedicar mi tiempo al descanso del fin de semana, pero al acercarse la noche y la hora de la cena en lo de Don Francisco los fantasmas
contunuara...
este relato es largo asi q sera por partes son como 8 aprox asi q comenten para subirlo
***********relato***********
LAURA Y EL ABUELO Realmente me sentía mujer por primera vez en mi vida, y así fue que me desnudé, completamente ante él.
Tenía yo 18 años, era una chica feliz, sin complicaciones, una buena familia, buenos amigos, ningún problema económico, realmente tenía una vida plena. Sin embargo en esa época en la que una va ¨cambiando de piel¨, a mujer, miles de dudas inundaban mi cabeza. Mi familia era de una durísima educación religiosa, no tenía yo hermanas mayores por lo que el tema de mi despertar sexual era algo complicado para mí. Me sentía dando pasos a ciegas, todo lo que descubrí era resultado de prueba y error, con más desaciertos que aciertos. Así es como aprendí un día después de bañarme lo placentero que puede ser tocarse ciertas partes, o como comprendí que las cosas con paciencia se dilatan.
Por desgracia mis compañeras tampoco eran de mucha ayuda, todas íbamos a un internado de religiosas durante toda la semana donde el sexo ni siquiera formaba parte del vocabulario. Sin embargo yo tenía dudas, y por sobre todo, muchas ganas de aprender, y allí es donde todo comienza.
Como les conté, durante la semana yo vivía en un internado para chicas, y los fines de semana la pasaba en casa sola con mis padres. Era principio de primavera y mis padres tenían aniversario de casados. Las cosas no marchaban bien para ellos, y mi madre pensó que un viaje juntos sería buen remedio para la pareja. El tema es que ella no quería dejarme sola, pero ante mi insistencia accedió a dejarme sola con una condición, que nuestro vecino, Don Francisco conservara una llave y pudiera controlar mi comportamiento. Yo accedí, después de todo solo sería un fin de semana, ya que el lunes volvería al internado. Don Francisco era un vecino viudo que vivía en la casa contigua a la nuestra. Era un hombre mayor, de unos 60 ó 65 años al que yo conocía desde pequeña y ante la ausencia de abuelos trataba como tal. Era un hombre muy elegante que había enviudado hace unos 5 ó 6 años. Siempre se portó conmigo en forma muy correcta, y también me quería como su nieta, pero por lo visto las cosas cambiaban.
Mis padres finalmente se fueron a su viaje a las playas Brasileras y yo me quedé en control de la casa. Eso me hacía sentir madura, una mujer. Recuerdo que el viernes a la noche, después de su partida me quedé mirando TV hasta muy tarde en su cuarto y dormí allí. Yo siempre dormía con unos pijamas muy anticuados, que lo cubrían todo, pero el comienzo del calor, y la ausencia de mis padres hicieron que esa vez sea una excepción. Esa noche solo me había dormido con una remera que apenas me llegaba a las nalgas, unas bragas y unos soquetes. Como les conté, la noche anterior se prolongó para mí por lo que eran como las 11 de las mañana y yo aún seguía dormida.
Mi madre y Don Francisco llegaron al acuerdo que el pasaría dos veces al día a controlar que todo estuviera en orden y para chequear que yo no necesitara nada. Mientras yo dormía, lo más plácidamente en la cama de mis padres, Don Francisco entró a la casa para cumplir con su encargo sin haberme yo enterado. Al despertarme encontré a Don Francisco parado en la puerta del cuarto de mis padres observándome. Al verme reaccionar, intentó sin éxito hacerse el desentendido, y yo intenté con la misma poca suerte cubrirme con las sábanas. Ante lo embarazoso de la situación, Francisco intentó dejar atrás el mal momento tratando de hacer de cuenta que nada hubiera ocurrido: -Hola Laurita, vine a ver como estabas y si necesitabas algo. (Comentó aún nervioso y sin mirarme a los ojos) -Gracias, está todo bien, gracias por preocuparte. -Perdóname, pero he estado tocando la puerta y tú no respondías y he decido usar la llave que tu madre me dejó.
Realmente no había escuchado el sonido del toque a la puerta, pero eso no era lo que me preocupaba. Lo único que me interesaba en ese momento era pasar el mal trago, y que él se vaya de ahí para poder vestirme, y más tarde otra preocupación que me vino a la mente, ¿habría estado mucho tiempo observándome dormir?, ¿qué tanto habría visto de mi?
Don Francisco se retiró de la puerta de la habitación y yo pude alcanzar mi ropa y vestirme. Luego me reencontré con él en la sala, donde me esperaba. Lo noté nervioso, distinto a otras veces, se lo veía pensativo, como perturbado, pensé que era una sensación mía por los nervios de la circunstancia pasada unos minutos antes. Don Francisco me invitó a comer a su casa esa noche y yo acepté, y luego se fue.
Pasé toda la tarde repasando lo que había ocurrido, nunca había estado con tan poca ropa ante un hombre. Me preguntaba si él pensaría si era atractiva o no, si me vería como una mujer o una niña, si sentiría atraído por mí, etc. Pero al mismo tiempo me reprendía por pensar ese tipo de cosas, me avergonzaba.
Finalmente conseguí olvidar lo sucedido y dedicar mi tiempo al descanso del fin de semana, pero al acercarse la noche y la hora de la cena en lo de Don Francisco los fantasmas
contunuara...